Esa tarde en especial no hacía ni calor ni frío, era un clima templado, agradable para salir a ver el atardecer o simplemente filosofar sobre la vida.
Hacía algunos años que se conocían. Él era un joven que disfrutaba de su independencia, su vida últimamente no había resultado fácil, atravesaba por un periodo en el que intentaba encontrar respuestas, pero sobre todo a sí mismo.
Ella llegaría en cualquier momento, uno, dos tres timbrazos, el teléfono anunciaría que ya estaba cerca. Se encontraron en la estación, después de un gran abrazo, los dos caminaron platicando de las novedades del día.
Tras llegar a su casa, se sentaron en su cómodo sillón, ella escuchaba muy atentamente lo que él le decía, intentaba comprenderlo y hacerle saber que estaba allí para apoyarlo y para que supiera que a pesar de todo lo que guardaba el pasado entre ellos dos, ella siempre estaría a su lado como los buenos amigos que ahora eran, a su muy particular definición de amistad, un gran cariño, quizás amor, que sentían el uno por el otro, pero que simplemente sabían que se encontraba ahí sin pensar en que algo más pasaría entre los dos.
Él la invitó a ver una película para simplemente recostarse un rato, disfrutando de la tranquilidad y paz que sentían cada vez que estaban juntos. Era tan agradable el calor y la respiración mutua que él comenzó a acariciar lentamente la piel de ella y poco a poco las cosas fueron subiendo de intensidad, hasta que un minuto de sosiego los hizo reflexionar que no podían continuar así, los dos decidieron salir a comprar algo de comer, platicando de la primer trivialidad que les venía a la mente.
Cuando regresaron, el teléfono de ella sonó, él jugueteo para no dejarle hablar, cuando ella colgó, él se levantó y ella volvió a atraerlo hacia sí, en ese momento su corazón latió fuertemente, se besaron como nunca, con esa pasión guardada desde hacía varios años, ese era el momento en el que el pasado y el presente se volvían uno solo.
Él la cargo y la llevó a su cama, aunque no sabían si era lo correcto o no, los dos continuaron, porque aunque ella no estaba segura de lo que hacía, sabía que mucho tiempo había esperado para estar con él, tanto había imaginado ese momento que parecía que no importaba lo que sucediera después…..
La tarde transcurrió, cada minuto, cada segundo, parecían efímeros para ellos. El sueño se convirtió en realidad, pero al contrario de lo que suele pasar, la realidad rebasó por completo al sueño, sus besos eran tan delicados, sus caricias tan certeras, sus palabras tan dulces, y sus movimientos tan cuidadosos, que nada importaba porque el momento simplemente era perfecto, su tibia piel, sus manos, y la temperatura de los cuerpos alcanzando el mismo grado para fundirse en uno solo.
Pero como todo sueño, en algún momento se tiene que volver a la realidad, los dos se despidieron con la creencia de que eso no volvería a pasar, pero al mismo tiempo era imposible fingir que nada había sucedido aquella tarde de otoño.
Quizás simplemente era algo que tenía que pasar, quizás era la forma en la que tenían que cerrar aquel círculo, cómo saberlo, después de todo nunca habían podido estar juntos, y años después revivieron aquel amor adolescente.
¿Los dos habrían sentido lo mismo?, ¿El miedo de hablar era porque aún existía algo entre ellos? o simplemente era algo que tenía que pasar para darse cuenta que no pueden estar juntos. Hay cosas en la vida, que no podemos explicar, que nos quitan el sueño, y que en muchas ocasiones desearíamos no haber vivido, sentimientos que no pueden encontrarse y palabras que no pueden decirse
La vida da demasiadas vueltas, y sin lugar a dudas en esa ruleta muchas veces cometemos errores, algunos no tan graves y otros que marcan nuestra existencia de formas misteriosas que no alcanzamos a comprender de inmediato. Peor lo que te impulsa a hacer las cosas es un sentimiento de certeza de lo que quieres, aunque a veces no todo sea como lo imaginas.
Hacía algunos años que se conocían. Él era un joven que disfrutaba de su independencia, su vida últimamente no había resultado fácil, atravesaba por un periodo en el que intentaba encontrar respuestas, pero sobre todo a sí mismo.
Ella llegaría en cualquier momento, uno, dos tres timbrazos, el teléfono anunciaría que ya estaba cerca. Se encontraron en la estación, después de un gran abrazo, los dos caminaron platicando de las novedades del día.
Tras llegar a su casa, se sentaron en su cómodo sillón, ella escuchaba muy atentamente lo que él le decía, intentaba comprenderlo y hacerle saber que estaba allí para apoyarlo y para que supiera que a pesar de todo lo que guardaba el pasado entre ellos dos, ella siempre estaría a su lado como los buenos amigos que ahora eran, a su muy particular definición de amistad, un gran cariño, quizás amor, que sentían el uno por el otro, pero que simplemente sabían que se encontraba ahí sin pensar en que algo más pasaría entre los dos.
Él la invitó a ver una película para simplemente recostarse un rato, disfrutando de la tranquilidad y paz que sentían cada vez que estaban juntos. Era tan agradable el calor y la respiración mutua que él comenzó a acariciar lentamente la piel de ella y poco a poco las cosas fueron subiendo de intensidad, hasta que un minuto de sosiego los hizo reflexionar que no podían continuar así, los dos decidieron salir a comprar algo de comer, platicando de la primer trivialidad que les venía a la mente.
Cuando regresaron, el teléfono de ella sonó, él jugueteo para no dejarle hablar, cuando ella colgó, él se levantó y ella volvió a atraerlo hacia sí, en ese momento su corazón latió fuertemente, se besaron como nunca, con esa pasión guardada desde hacía varios años, ese era el momento en el que el pasado y el presente se volvían uno solo.
Él la cargo y la llevó a su cama, aunque no sabían si era lo correcto o no, los dos continuaron, porque aunque ella no estaba segura de lo que hacía, sabía que mucho tiempo había esperado para estar con él, tanto había imaginado ese momento que parecía que no importaba lo que sucediera después…..
La tarde transcurrió, cada minuto, cada segundo, parecían efímeros para ellos. El sueño se convirtió en realidad, pero al contrario de lo que suele pasar, la realidad rebasó por completo al sueño, sus besos eran tan delicados, sus caricias tan certeras, sus palabras tan dulces, y sus movimientos tan cuidadosos, que nada importaba porque el momento simplemente era perfecto, su tibia piel, sus manos, y la temperatura de los cuerpos alcanzando el mismo grado para fundirse en uno solo.
Pero como todo sueño, en algún momento se tiene que volver a la realidad, los dos se despidieron con la creencia de que eso no volvería a pasar, pero al mismo tiempo era imposible fingir que nada había sucedido aquella tarde de otoño.
Quizás simplemente era algo que tenía que pasar, quizás era la forma en la que tenían que cerrar aquel círculo, cómo saberlo, después de todo nunca habían podido estar juntos, y años después revivieron aquel amor adolescente.
¿Los dos habrían sentido lo mismo?, ¿El miedo de hablar era porque aún existía algo entre ellos? o simplemente era algo que tenía que pasar para darse cuenta que no pueden estar juntos. Hay cosas en la vida, que no podemos explicar, que nos quitan el sueño, y que en muchas ocasiones desearíamos no haber vivido, sentimientos que no pueden encontrarse y palabras que no pueden decirse
La vida da demasiadas vueltas, y sin lugar a dudas en esa ruleta muchas veces cometemos errores, algunos no tan graves y otros que marcan nuestra existencia de formas misteriosas que no alcanzamos a comprender de inmediato. Peor lo que te impulsa a hacer las cosas es un sentimiento de certeza de lo que quieres, aunque a veces no todo sea como lo imaginas.