(Cuento. Primera parte de no estoy segura cuantas)
Era una fresca mañana, un frente frío había sido anunciado en las noticias por la mañana, sin duda aunque esa fuera la causa, el invierno se acercaba pronosticando ser más helado que en años pasados .
Oficina, papeles y el ruido de las teclas de la computadora parecían ser la constante del día. Un abrigo color shedrón cobijaba a una dama delgada que salía de varias horas de encierro intentando afinar los últimos detalles de una campaña de promoción. No parecía ser más que una fría mañana.
Saliste de tus labores, sin imaginar que el destino te tendría preparada una sorpresa. Caminaste, con el celular en mano apurado por conseguir ese contacto que te llevaría al gran caso que publicarías la semana entrante, fruto de largas semanas de investigación.
Ella siguió su paso cubriéndose con el abrigo, e intentando calentar sus manos estrechándolas fuertemente.
-Un café por favor.
-Que sean dos - dijiste mientras intentabas sacar el dinero de tu bolsillo
Las cosas que cargabas no eran tantas, pero entre periódicos, agua y libros no lograbas encontrar tu cartera. Ella intentó ayudarte, pero le diste las gracias sin siquiera voltear a verla. Tomó su café y se retiro a su encierro.
Tomaste tu café y seguiste camino a tu trabajo. Ninguna novedad. Correos, periódicos y teléfonos competían el espacio reducido de tu escritorio. Trabajaste incesantemente, plasmando cada línea que te llevara a cumplir cada uno de tus objetivos.
Ella salió de su oficina, esperando llegar temprano a casa, un día cansado, pero finalmente se acostaría en el sillón para ver las noticias o alguna película que no terminaría de ver debido a que en algún momento se quedaría dormida. Al mismo instante tú saliste de tu oficina, pensaste en todo lo que te restaba por hacer, llegaste a tu pequeño departamento, que más que un hogar, parecía una vieja biblioteca, pedazos de tu vida, lo que fue y lo que no es, lo que dejaste ir y lo que ni siquiera te atreviste a soñar, lo que sólo alcanzarías al lado de tus amigos, compañeros que no reclaman tiempo y que estaban a tu disposición cada vez que sentías la necesidad de refugiarte en ellos.
Esa noche soñaste con las estrellas, con los honores y con las miles de cosas que aún te faltaban por realiza, pero sobre todo te acordaste de aquella añoranza que imagina otros mundos que pudieron ser y no son, después de todo, algunas veces se necesita del contacto humano para sentirse vivo, cosa que tú jamás creíste, pero que ahora comenzaba a tomar sentido.
La mañana siguiente, una mañana más fría aún. Los dos caminaron al trabajo, los dos se sentaron e hicieron su deberes, los dos tenían en mente lo inmediato, nadie piensa en el futuro estos días. Los dos tomaron la misma taza de café en el mismo puesto del día anterior, sin embargo, algo cambiaría, esta vez... no sería igual que ayer....
Oficina, papeles y el ruido de las teclas de la computadora parecían ser la constante del día. Un abrigo color shedrón cobijaba a una dama delgada que salía de varias horas de encierro intentando afinar los últimos detalles de una campaña de promoción. No parecía ser más que una fría mañana.
Saliste de tus labores, sin imaginar que el destino te tendría preparada una sorpresa. Caminaste, con el celular en mano apurado por conseguir ese contacto que te llevaría al gran caso que publicarías la semana entrante, fruto de largas semanas de investigación.
Ella siguió su paso cubriéndose con el abrigo, e intentando calentar sus manos estrechándolas fuertemente.
-Un café por favor.
-Que sean dos - dijiste mientras intentabas sacar el dinero de tu bolsillo
Las cosas que cargabas no eran tantas, pero entre periódicos, agua y libros no lograbas encontrar tu cartera. Ella intentó ayudarte, pero le diste las gracias sin siquiera voltear a verla. Tomó su café y se retiro a su encierro.
Tomaste tu café y seguiste camino a tu trabajo. Ninguna novedad. Correos, periódicos y teléfonos competían el espacio reducido de tu escritorio. Trabajaste incesantemente, plasmando cada línea que te llevara a cumplir cada uno de tus objetivos.
Ella salió de su oficina, esperando llegar temprano a casa, un día cansado, pero finalmente se acostaría en el sillón para ver las noticias o alguna película que no terminaría de ver debido a que en algún momento se quedaría dormida. Al mismo instante tú saliste de tu oficina, pensaste en todo lo que te restaba por hacer, llegaste a tu pequeño departamento, que más que un hogar, parecía una vieja biblioteca, pedazos de tu vida, lo que fue y lo que no es, lo que dejaste ir y lo que ni siquiera te atreviste a soñar, lo que sólo alcanzarías al lado de tus amigos, compañeros que no reclaman tiempo y que estaban a tu disposición cada vez que sentías la necesidad de refugiarte en ellos.
Esa noche soñaste con las estrellas, con los honores y con las miles de cosas que aún te faltaban por realiza, pero sobre todo te acordaste de aquella añoranza que imagina otros mundos que pudieron ser y no son, después de todo, algunas veces se necesita del contacto humano para sentirse vivo, cosa que tú jamás creíste, pero que ahora comenzaba a tomar sentido.
La mañana siguiente, una mañana más fría aún. Los dos caminaron al trabajo, los dos se sentaron e hicieron su deberes, los dos tenían en mente lo inmediato, nadie piensa en el futuro estos días. Los dos tomaron la misma taza de café en el mismo puesto del día anterior, sin embargo, algo cambiaría, esta vez... no sería igual que ayer....