martes, 13 de noviembre de 2007

Una velada inolvidable

Después de un arduo día de trabajo y clases, Gustavo iba de camino a casa de Sandra para recogerla y llevarla a compartir un poco de su quehacer periodístico como enviado especial a Querétaro a un seminario sobre problemas políticos y sociales; ella como estudiante amaba la política, le encantaba lo relacionado con el periodismo y se encontraba muy ilusionada por el hecho de compartir tantas cosas con la persona que quería.

Ella bajó rápidamente las escaleras de su casa para encontrarse con Gustavo, los dos se vieron y se saludaron muy tiernamente...

- ¿Estás lista?

- Claro, y muy emocionada, el cartel que asistirá se ve muy interesante, me ayudará en mi investigación, gracias por invitarme.

- Gracias a ti por venir, me da gusto que estemos juntos....

El auto arrancó lentamente y poco a poco los suburbios de la cuidad se perdían, tras una noche tranquila el auto se adentró en la carretera, que aunque oscura y soltaría gozaba de un misticismo esplendoroso. Los dos conversaban mientras oían ritmos tranquilos que acompañaban cada una de sus palabras, palabras de enamorados, palabras que no dicen nada y que expresan mucho, el lenguaje que sólo dos personas que se quieren comprenden.

La bella ciudad de Querétaro parecía tranquila, segura, taciturna, ideal para una pareja que busca poder compartir vida, experiencias, recuerdos, y el placer de estar juntos. Aunque ya era tarde, los dos caminaron por el centro de una hermosa plaza, la luna y las estrellas parecen cobijar a la pareja que se pasea por las calles admirando la arquitectura, la noche, el cielo, y cada detalle que vuelve ese momento inolvidable.

Entran a un restaurante, piden algo ligero de cenar; una sábana de res, un filete de pescado, velas, una luz tenue y vodka acompañan la velada. Cuando parece que nada podría ser más perfecto el sonido de unas cuerdas de guitarra toca una melodía suave, algunas parejas bailan al lado de las mesas, el cantante cambia de melodía a "Te amo" de Franco de Vita; Gustavo y Sandra se levantaron a bailar y al mirarse a los ojos decidieron que esa sería "su canción" de ahora en adelante.

La velada había resultado perfecta, la cena deliciosa y la compañía magnífica. Los dos se tomaron de la mano, y se dirigieron al hotel admirados por el paisaje, y lamentándose de no poder quedarse más días en ese lugar.

Al llegar al hotel, él cordialmente pidió dos habitaciones para que ella no se sintiera incómoda ni obligada a nada; ella al ver su gesto, sonrió, se sintió segura y regresó la llave de su cuarto.

- Una habitación solamente, gracias.

Los dos subieron a al cuarto que gozaba de una increíble vista, una mesita de centro tenía una canasta de frutas que habían dejado amablemente los jefes de Gustavo como forma de bienvenida a su nuevo puesto.

Los dos comieron y disfrutaron de su compañía, él se recostó sobre la cama, ella jugueteó con él y se acomodó en sus brazos, entre risas y cosquillas, los dos dejaron de poner atención al televisor y se centraron en mirarse a los ojos, él la beso tierna y suavemente, ella contesto el gesto y recorrió con su dedo índice sus labios. Él la tomó entre sus brazos y le susurró al oído "te adoro... ¿Estás bien?", ella contestó "Sí....."; tembló entre sus brazos y le dijo cuanto lo quería, y lo maravillosa que había sido la velada, ella se aferró a su cuerpo, él la atrajo hacia sí con fuerza, los dos corazones latían al unísono....la noche caía y dejaba que los dos enamorados se dejaran llevar....

El día llegó, su teléfono celular anunciaba que la hora de levantarse había llegado, él la contempló durante algunos minutos, se veía tan bella al amanecer, sus labios tan sensuales y su cuerpo tan perfecto que no quería levantarse, en ese momento ella despertó, cuando abrió los ojos vio la figura de Gustavo contemplándola, sintió que su corazón latía con mayor fuerza.

- Te amo chaparrita, eres hermosa, no hay palabras que alcancen a expresar todos los hermosos sentimientos que me envuelven en este momento

Ella se acercó y lo besó, ese beso de la mañana que sabe como ningún otro...

- Quiero que así sean todos los días de mi vida.... despertar a tu lado y contemplarte dormida, abrazarte, protegerte, estar ahí para ti.

Después de ello, los dos se alistaron para irse al seminario. Él del lado de la prensa, ella desde su butaca como espectadora, ella lo contemplaba embelesada, se veía tan guapo, tan profesional, se sentía parte de todo eso, de él y de su vida. Al terminar la ponencia ella se acercó para conseguir algunas entrevistas para su programa de radio, él rescababa la mejor información para mandarla de inmediato al periódico.

Después de una hora, el teléfono celular de Gustavo sonó, una gran felicitación de su jefe inmediato lo hizo sonreír, era su nueva vida, se encontraba haciendo lo que más le gustaba y al lado de la persona que más quería.

Ella se sentía muy bien, enamorada de él, de su carrera, de su profesión y admirándolo como a nadie. Los dos se encontraron a la salida, caminaron y subieron al auto, ella tomó la mano de Gustavo que dirigía la palanca de velocidades, él le hizo una caricia y sonrió. Los dos siguieron el viaje sólo comunicándose a través de sus manos, disfrutando del paisaje y de la música, la ciudad se aproximaba poco a poco. Llegaron a la casa de ella, afuera del gran portón negro que separaba su privada del resto del fraccionamiento, se despidieron con un beso dulce.

Sandra corrió a alistarse para ir a la escuela, pero se detuvo un momento en su cama llena de felicidad a pensar en lo que pasó durante ese viaje, y llegó a la conclusión de que había pasado la mejor noche de su vida. Gustavo condujo hacia el periódico, pero no dejó de pensar en aquella noche inolvidable, esos instantes compartidos que se quedarían grabados en su corazón como el inicio de su nueva vida profesional y sentimental.

Inexplicablemente ya se extrañaban, el pensamiento se convirtió en uno solo, y los dos fueron felices al pensar que sólo unas cuantas clases y unos cuantos artículos de trabajo los separarían durante unas horas, para después poder volver a estar juntos...

lunes, 12 de noviembre de 2007

El instante que agoniza...

La vida como ensueño
Cada instante mágico que se va y se escapa cual suspiro
Cada minuto que agoniza y pide a gritos atención,
sabe que pasará, que el tiempo se lo llevará
La única certeza es que el segundo que acaba de transcurrir jamás regresará
.


Los minutos jamás regresan, los momentos que vivimos se quedan para siempre guardados en nuestra mente como una caja llena de alegrías y tristezas, una forma en la que justificamos el tiempo que hemos dejado pasar; una forma en la que vemos atrás para darnos fuerza y seguridad para seguir adelante.

El pasado queda atrás y el presente vuelve a acomodar las cosas para el futuro, el universo tiene formas misteriosas de actuar para poner todo nuevamente en orden, ese mecanismo regulador que muchas veces no entendemos y que en ocasiones no aceptamos de forma inmediata.

No importa cuanto nos cueste entenderlo, al final del día lo haremos y seremos partícipes de nuestra propia felicidad no entendida anteriormente…. no importa cuan mal estén las cosas en el presente, la verdad es que el universo conspirará junto con nosotros mismos para hacer de aquel sueño de cada uno de nosotros la palpable realidad….



viernes, 2 de noviembre de 2007

Una vez más

Tras dos pasos ella cerró la puerta. Caminó hacia el interior de su casa e intentó fingir que nada sucedía. Se repetía una y mil veces: "ya pasará". Con esa firme convicción se dirigió a su cuarto, cerro la puerta y comenzó a desvestirse con más calma de la usual, pensando e intentando no pensar.
Se recostó sobre la cama, estiró la mano para apagar la luz de su cuarto y mandó un mensaje de texto que decía: "Muchas gracias por todo, de verdad, estoy bien, sé que últimamente te he molestado mucho, pero eso ya no pasará, gracias por todo tu apoyo". Dos minutos después el vibrar de su celular la hizo voltear, abrió el mensaje: "No te preocupes, sé que estarás bien, no sabes cuanto quisiera que estuvieras bien, pero sé que eres fuerte y lo estarás, cualquier cosa llámame".
Ella sonrió, segundos después su expresión cambió y sin poder más, una lágrima corrió por su mejilla, la secó rápidamente y se acomodó sobre la suave frazada, lo prometió, jamás volvería a derramar una lágrima por él.
Pensó mucho tiempo, aunque intento no hacerlo, divagó sobre el destino y llegó a la conclusión de que no existía, al menos como ella lo habría imaginado. Había tantos momentos que pasaban por su mente, tardes de películas, pláticas de horas enteras recostados en el pasto, partidos de foot ball, mil y un despedidas que ninguno de los dos quería que llegaran, así como tantos momentos compartidos, los pocos besos y caricias, pero que habían dejado mucho más de lo que ella pensaba.
Suspiró y pensó que a partir de ese momento había que tomar una decisión, quizás la más difícil de su vida, la de separarse para siempre de aquella relación tan intangible, pero a la vez tan fuerte. Una relación que no era como cualquier otra, que trascendía lugares, tiempo, momentos, y que a pesar de ello seguía ahí; y no luchando por vivir, sino más viva que nunca.
¿Cómo poder renunciar a algo que te hace tan feliz y a la vez tan infeliz? ¿Cómo poder renunciar a tantos años de estar y no estar el uno con el otro? ¿Cómo poder ser feliz sin todo ello? Esas preguntas pasaban por su cabeza, después de aquel encuentro de la tarde.
Sin embargo, todo estaba dicho y ya no había sentido, sólo la estúpida mentira que ya no surtía efecto en ella misma.
- Hola ¿Cómo estás?
-Bien, un poco triste, pero bien
-Me da gusto, tengo algo importante que decirte...
(uno, dos, tres latidos de su corazón)
- Creo que no es necesario, ya lo sé
-Creo que ya lo sabes...
-Te deseo que seas muy feliz...
-Yo también quiero que tú lo seas...
-Claro, lo seré, te deseo lo mejor del mundo en tu nueva relación...
Todo estaba dicho, ya no había más que hacer... él tenía otra vida y no ella no tenía nada que ver, aún así quería seguir sintiendo sus abrazos y compañía, pero sabía que sólo era lastimarse más. Sentía tantas cosas... sabía que él sería feliz y en el fondo eso la alegraba, esa relación era tan extraña, que su miedo más profundo era en cualquier momento regresar a ella, este era el momento de tomar la decisión de no verlo jamás y seguir adelante o de seguir con ello en aquel círculo que parecía no tener final.... Si el destino existía tenían que existir las señales.... En el fondo de su corazón quería encontrar alguna, pero sabía que eso no sucedería...
El celular volvió a sonar, era las 12:38 am, ella abrió el mensaje confiada de que era nuevamente su amigo... la pantalla decía lo contrario... sorprendida abrió le mensaje "Hola, espero que todo esté mejor. TQM gracias por tomarte el tiempo de confiar y platicarme lo que sientes... descansa"
¿Por qué siempre pasaban esas cosas?¿Lo tomaría como señal?¿Pero señal de qué? No lo sabía... nadie podría saberlo... cuando parecí que tomaba una decisión esas cosas siempre terminaban pasando...
Las señales no existen, el destino no existe, ¡basta! Todo terminó, intentaba convencerse a sí misma... pero quizás no fuese así... ella no quería que así lo fuese...
Tras dos horas de pensar y no llegar a ningún lado, fue vencida por el sueño. Pensando que mañana sería un día largo. Mejor dormiría y por esa noche dejaría que las cosas transcurrieran sin pensar más.