
Cómo se va el tiempo para no regresar jamás, reímos, jugamos, amamos, odiamos, vivimos...
Esta reflexión filosófica va más allá de un simple rato de aburrimiento, en realidad es por que cambió mi vida de una forma inesperada, y es algo por lo que ni siquiera estoy pasando.
El motivo: mi mejor amiga. Hace una semana nos reunimos mis cuatro hermanas de la infancia y yo para platicar; ella se veía diferente, pero muy contenta y feliz; la razón: se encuentra esperando un bebé. La noticia diminutivamente nos dejó heladas, pero a la que más impresionó fue a mi.
Respecto a la forma de vida de cada una de las personas y su muy particular visión del mundo, todos tomamos de manera distinta este tipo de noticias, por mi mente comenzó a pasar la forma en la que nos conocimos hace ya más de ya de dieciséis años, en una primaria de Villa Coapa, desde ese entonces hemos compartido la vida misma: sueños, anhelos e ilusiones. Momentos inolvidables que nos han hecho crecer juntas casi como hermanas.
Hoy las cuatro tenemos una forma distinta de vivir, de compartir y de amar, pero en el fondo pensaba que seguíamos siendo en muchos aspectos aquellas niñas que se conocieron durante los primeros años de su infancia, que pasaron por la juventud y que cada día dan un paso a la adultez...
Sin embargo, esta forma de ver las cosas en mi, ha cambiado. Ahora pienso que hemos dejado de ser las niñas con sueños e ideales de princesas, las que pensaban que el mundo estaba a sus pies con tan sólo tronar los dedos. Maduramos y en el proceso aprendimos muchísimas cosas, pero lo que ahora puedo asegurar es que nuestra amistad es más firme que nunca aun con las distancias y el trabajo, la escuela y los deberes; aún somos esas niñas de seis años que salen a divertirse por el simple deseo de platicar, fortaleciendo cada vez más su amistad.
Quiero pensar que en el fondo todos los deseos, ilusiones y sueños que anhelamos un día, aún se encuentran ahí esperándonos para ser realizados, y que la forma en la que nos ha tocado vivir no es más que un medio para ese fin que algún día todas compartiremos en nuestra vejez acordándonos de aquellas niña que se conocieron en la primaria y que llegaron a cumplir todas sus metas y ser felices.... finalidad de todo ser humano.
Como es costrumbre este texto está dedicado a alguien, esta vez a mis tres mejores amigas de la infancia: Bety, Martha, y en especial a Amapola a quien le deseo lo mejor en la vida y en esta nueva etapa.
