se me abrieron los ojos de adentro, y me duele saber, me duele pensar:
Soy Xochiquetzal, soy Malinalli, soy Marina y no soy ninguna de ellas,
soy tuya y tú no estás, soy del nacom, pero no quiero serlo;
soy mexica y odio a los mexicas, no soy maya y me siento maya,
no soy española y las ayudo [...]”.
A pesar de ello, pocas veces nos detenemos a pensar qué orilló a esos personajes a actuar de la forma en la que lo hicieron, si las circunstancias los obligaron; si el destino ya estaba escrito o si tenían la posibilidad de cambiar el futuro, no sólo de ellos, de miles de personas que vivieron ciertos periodos y de todas las generaciones siguientes.
Marisol Martín del Campo rescata y retrata en Amor y conquista a un personaje que se conoce como “La Malinche”, recordado como la intérprete de Hernán Cortés, pero más allá de eso como la cómplice y traidora, una de las principales participes de la caída de la gran Tenochtitlan.
En esta novela, la autora se vale esencialmente de la voz de Malinalli para contar una historia, su historia, la de grandes guerreros, conquista, poder y amor. Dando vida, nombre, y personalidad a los sacerdotes, capitanes, tlatoanis, mexicas, toltecas, tlaxcaltecas, todos los que intervinieron en la conquista del territorio mexica.
El valor de esta novela no estriba solamente en una extraordinaria narrativa que conduce a los pensamientos, sufrimientos y sentires de cada uno de los personajes, da un contexto, describe la situación cultural, política, religiosa y lo que podría ser llamado como militar de dos civilizaciones: española y mexica.
La autora a través de diversos personajes nos narra una novela histórica que podría ser criticada por tener su parte ficticia, es decir, a pesar de estar respaldada por una importante y considerable investigación bibliográfica, la reconstrucción de los hechos guarda una parte fantástica, en donde los personajes cobran vida y dan cuenta de este importante periodo histórico. Por medio de diálogos, cartas y pensamientos se da luz y color a cada una de las páginas que pintan este libro.
Xochiquetzal, la niña; Malinalli, la joven; y Marina, al nueva española ante el bautismo, encarnan las diferentes fases de la vida de una mujer que vivió los desprecios de la cultura en la que nació y la indiferencia de la cultura a la que intentó adaptarse: “La señora Malinalli es mencionada entre los nuestros con rabia, los españoles ni la nombran”. Malinalli relata la dominación y el sometimiento al que se tenían que enfrentar algunas mujeres, hombres y poblaciones enteras como los traxcaltecas y totonacas conformando una visión en la que no se les puede considerar como traidores, sino como dos pueblos hartos de los constantes abusos por parte del gran poderío mexica.
Xochiquetzal, una pequeña niña hija la clase más pobre entre los mexicas, es vendida como esclava debido a la gran hambruna que azota sus tierras. La pequeña sin comprender por qué la abandonaron pasa por diversas manos, las cuales le enseñan diferentes tradiciones y culto a los dioses. Ixchel, su diosa, su amuleto siempre la acompaña. Aprende el dolor, la ira y la frustración al ser testigo del sacrificio a los dioses de su mejor, amiga confidente y compañera.
Finalmente llega a la persona que encarnará sus peores temores y más ardientes deseos, Don Hernando, quien la regala a Alonso, q quien Malinalli llama su ixyachalmil[1], con quien aprende la lengua española, las costumbres, la religión y quizás uno de los más grades sentimientos, por el que se han desatado grandes guerras: el amor.
Alonso, es llevado lejos, Malinalli, se ve obligada a permanecer con Cortés, a quien detesta, pero que finalmente acepta en su condición bien definida de esclava. Pasa el tiempo y su forma de verlo cambia, lo ve como el valiente guerrero, el poderoso capitán y se envuelve en una relación llevada por el deseo y el clamor de la batalla: “En esos encuentros no somos ni Malinalli ni el capitán Cortés, somos un hombre y una mujer que se atraen y se sacian, no tenemos dioses, reglas, convenciones, sólo hambre de nuestros cuerpos”.
Así esta novela se convierte en un trozo de poesía, sin ser una novela inscrita dentro del género romántico, regalándonos en cada frase, palabras dignas de mencionar y reflexionar como: “[...] el amor se refleja en el instante de más que dura una mirada o una caricia [...]” recordando que el amor, en todo tiempo y circunstancia, tiene una capacidad creadora y a la vez destructora.
MARTÍN DEL CAMPO, Marisol. Amor y conquista [1999]. Barcelona, Planeta, Booket, 2002.



