Enrique Serna, plasma en “El Seductor de la Patria” (como definió Enrique Krauze a Santa Anna) a un hombre consumido por sus recuerdos, glorias y fracasos; amores y caprichos; sustancialmente, al hombre que forjó para bien o para mal el destino de de futuras generaciones cuya identidad se debatiría entre la de un pueblo carente en gran medida de visión; y la de una cultura que al cabo de unos años llegaría a ser la primera potencia mundial.
El escritor presenta a un personaje que no quiere ser olvidado, pero tampoco recordado como un traidor y vende patrias; un protagonista que lucha porque su versión también sea conocida, en donde en varias ocasiones intenta justificar sus actos.
“¿Vender yo la mitad de México? ¡Por Dios! Cuándo aprenderán los mexicanos que si este barco se hundió no fue sólo por los errores del timonel sino por la desidia y la torpeza de los remeros” o “Si de verdad arrojé a México en un precipicio ¿por qué nadie me lo impidió? Gran parte de mis culpas le corresponden a la sociedad que ahora me crucifica” manifiesta el héroe del Pánuco a través de la pluma y la destreza del autor, intentando justificar sus actos. Las citas anteriores remiten inmediatamente al pensamiento que dicta que cada pueblo tiene al gobernante que se merece, en este caso, debido a que como se menciona en algunas partes del libro, carece de una memoria histórica.

Frases como “Si una bala enemiga me hubiera roto la chapa del alma en la rivera del Pánuco, en La Angostura o en San Jacinto, mi efigie estaría en la Cámara de Diputados, junto a los bronces de Hidalgo y Morelos” refuerzan la siguiente idea: los personajes que mueren pronto en pro de su causa son considerados para siempre como héroes, pocas veces juzgando sus demás actos; mientras que los que viven después de su gloria y enloquecen con el poder, pasan a una historia que sólo recuerda los sucesos malos y olvida las victorias que también forjaron una nación.
Respaldado por una gran investigación el libro narra la vida de Antonio López de Santa Anna, un personaje que desde muy joven mostró grandes ambiciones, y en consecuencia fue considerado como traidor, un ejemplo de ello es su respaldando al partido republicano constituido por antiguos insurgentes, a quines después les daría la espalda declarándose centralista, sustituyendo a los insurgentes por conservadores. En este texto a través de su voz justifica estos episodios argumentando no ser un hombre de un partido o una sólo tendencia, sino de abanderar la libertad y los derechos del pueblo mexicano.
Más allá del gran recuento de sucesos como la Guerra de los pasteles, la guerra contra Texas, y la guerra del 46 contra Estados Unidos, el libro nos muestra al personaje de carne y hueso; sus conquistas no sólo en el campo de batalla, también en el terreno del amor, su vida en general como lo advierte el autor “En esta novela no intenté compendiar todo lo que se sabe, ni mucho menos, decir la última palabra sobre su vida, sino reinventarlo como personaje de ficción y explorar su mundo interior sobre bases reales”.
La novela es narrada por muchos personajes que acompañaron a Santa Anna: amigos, enemigos; amantes, esposas; hijos y familiares. Contada a través de todos los involucrados por medio de cartas, comunicados y acuerdos, todas las voces contribuyen a tener de cierta manera “un panorama general” de su vida.
La estructura de la narración se puede dividir principalmente en dos momentos: un presente y un pasado, relatados de forma cronológica, pero que al mismo tiempo dan saltos de la época de glorias y batallas triunfales a la de un anciano que desvaría al intentar hacer una historia que cuente otra versión de los hechos, su propia interpretación.
El hilo conductor de esta narración está conformado principalmente por las cartas que se envían el Coronel Manuel María Giménez, su amigo incondicional y Manuel López de Santa Anna, uno de sus hijos legítimos, encargado de la tarea de escribir su biografía. Sin embargo no se puede dejar de lado la voz de personas como Gómez Farías o Iturbide y de una gran parte de personajes que escribieron la historia a través de sus decisiones a lo largo de casi un siglo.
De esta forma El seductor de la patria se convierte en una rica novela histórica que va más allá de prejuicios y nos muestra a un personaje no inventado por un escritor, un personaje que rebasa la imaginación teniendo como materia prima la misma realidad. Simplemente dos grandes seductores: Antonio López de Santa Anna a través de la pluma y destreza del escritor Enrique Serna.
Bibliografía:
SERNA, Enrique. El seductor de la patria [1999]. México. Planeta. Booket. 2007.



